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Alba Lafarga: “En el internet primigenio no había los intercambios de odio que encontramos hoy en día”

¿Contribuyen los algoritmos a la violencia contra las mujeres? Con motivo del 25N, hablamos de ello con la gestora cultural y youtuber Alba Lafarga

Time Out en colaboración con Departamento de Igualdad y Feminismo de la Generalitat de Cataluña
Alba Lafarga
Àlex Molera | Alba Lafarga
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Por Rita Roig

Alba Lafarga trabaja como gestora cultural, pero divulga en YouTube sobre filosofía, cultura y cuestiones relacionadas con internet. Para ella, estar en YouTube es una forma de activismo. En un momento en que el mundo digital se nos presenta como hostil e incluso nos lleva al agotamiento, su mirada sobre internet es un oasis de optimismo y, al mismo tiempo, ofrece alternativas viables para que nuestras vidas digitales no estén llenas de odio y frustración. Hablamos con ella con motivo de la campaña del 25 N del Departamento de Igualdad y Feminismo de la Generalitat de Cataluña contra las violencias machistas en el ámbito digital.

¿Internet es un lugar menos seguro si eres mujer?

Históricamente, internet ha sido un espacio menos cómodo para las mujeres y para las personas que no se identifican con un género concreto. Y eso, evidentemente, ha influido en el tipo de experiencia que tenemos también dentro de internet y en cómo nos relacionamos en él.

¿Cuál es el sujeto ideal para internet, quién se siente más cómodo en él?

Si hablamos de las redes sociales comerciales, las más populares, diríamos que el perfil idóneo sería el hombre blanco, ya que al final todos los algoritmos están diseñados principalmente por este tipo de personas, que son quienes consiguen siempre más puestos de trabajo, mejores puestos y mejores salarios. El diseño de los algoritmos siempre está pensado desde lugares concretos; debemos tener claro que no son estructuras neutrales.

¿Cómo es que internet no tiene un diseño neutral?

A menudo asociamos la ciencia y la tecnología con la neutralidad, la objetividad y la veracidad por la manera en que se presentan a la sociedad. Pero cuando observamos cómo se produce esta tecnología en este caso, los algoritmos que gestionan internet vemos que detrás hay personas con sesgos y prejuicios que, al final, se trasladan a la cultura digital.

¿Por ejemplo?

Uno de los primeros casos que se puso sobre la mesa para denunciar esto fue la cuestión de los emojis. Lo estudió Marta Delatte: en sus inicios, los emojis estaban pensados sobre todo para representar personas blancas, especialmente hombres. De hecho, eran los hombres quienes realizaban las acciones y protagonizaban emoticonos montando a caballo, haciendo deporte, etcétera. En cambio, las mujeres aparecían representadas embarazadas, bailando… No había igualdad en el espacio de representación de los emojis. O, en cuanto a comportamientos, se ve claramente en la actual X, la antigua Twitter, donde lo que funciona más es el contenido que provoca reacción y, normalmente, la reacción que tiene más efecto suele ser aquella emocional que nos interpela a través del odio o de la rabia. Por lo tanto, el algoritmo atrae a personas con puntos de vista muy diferentes que nunca se habrían encontrado en la plataforma para mantenerlas discutiendo y consumiendo.

El algoritmo atrae a personas con puntos de vista muy distintos que nunca se habrían encontrado en la plataforma para que esa interacción los mantenga discutiendo y consumiendo 

¿Qué prioriza este algoritmo? 

No podemos hablar de cómo funcionan los algoritmos porque las empresas son privadas y opacas y no muestran el código que hay detrás. No obstante, contamos con documentación de muchas personas que han trabajado en Silicon Valley y han salido de las empresas, quienes declaran que su trabajo era intentar maximizar el tiempo que la gente permanece en la plataforma, independientemente de los valores. Esto lleva a posicionar contenido de extrema derecha o violento, porque son ideas que van en contra de la construcción de la sociedad. La gente quiere responder, y así el algoritmo logra mantenerte enganchado a la plataforma.

Esto explica, por ejemplo, por qué funciona el contenido de las ‘tradwives’.

Sí. En el momento en que el capitalismo de plataformas se impone, la gente va a las redes para intentar ganar dinero, para encontrar una vía de salida a un mundo laboral precario. De hecho, Roro, que actualmente se podría definir como tradwife, empezó intentando crear contenido sobre ir al gimnasio, pero viró hacia esa performance digital de mujer tradicional porque era lo que generaba engagement.

Roro empezó intentando hacer contenido sobre ir al gimnasio, pero cambió hacia esta performance digital de mujer tradicional porque es lo que generaba más engagement
  

¿Cómo contrasta esto que explicas con el internet de hace unas décadas? ¿Era mejor el internet de antes?

El internet antiguo era un espacio digital que se creó desde abajo, a través de muchas personas que dedicaban su tiempo libre a crear páginas web, abrir foros y generar espacios de conversación para compartir lo que te interesaba. Desde sus inicios, las mujeres estaban presentes de forma muy masiva, aunque no usaban internet de la manera en que a lo largo de la historia se nos ha transmitido. Por ejemplo, creaban páginas de fans, espacios de conversación, escribían fanfictions… Sin embargo, desde el principio las mujeres no hemos sido bienvenidas en estos espacios digitales. De hecho, en las primeras reglas de internet, creadas en un foro, había una que decía que era mejor que no hubiera mujeres. Pero la diferencia entre este internet primigenio y el actual es que entonces no funcionaba a través de un algoritmo que mediara grandes redes sociales comerciales, sino que la gente se relacionaba en webs y espacios separados. Esto permitía que no existiera el intercambio de odio que tenemos hoy en día.

¿Crees que la importancia de la imagen en la huella digital ha cambiado las cosas para las mujeres?

Sí, este cambio genera ciertas presiones estéticas sobre cómo debes verte y qué imagen debes proyectar, pero al mismo tiempo también ha sido todo lo contrario: un espacio de liberación. En internet podemos ver representados cuerpos y formas de actuar y de pensar que antes no estaban. Convivimos con dos escenarios: uno de aprendizaje y libertad y otro en el que nos enfrentamos a una presión estética muy vigilante sobre nuestros cuerpos.

Convivimos con dos escenarios: uno de aprendizaje y libertad y otro en el que nos enfrentamos a una presión estética muy vigilante sobre nuestros cuerpos

Tú eres youtuber y formas parte de una comunidad de gente de izquierdas que se llama Pantube. ¿De dónde surge esta iniciativa?

Estamos en un momento de saturación de las redes sociales comerciales, principalmente por los anuncios y la constante exposición a productos de consumo. Yo formo parte del colectivo digital Pantube, que somos creadores de contenido desde la izquierda, y que nació como una red de apoyo mutuo entre las creadoras. Hacer contenido en internet es bastante hostil y solitario, y Pantube nos ayuda a marcar agenda y difundir discursos que los medios convencionales no atienden.

¿Hay espacios que consideres libres de violencia, que inviten al pensamiento crítico o que sean seguros?

En este momento está surgiendo el Fedivers, una red de páginas web de internet federadas que no son propiedad de ninguna empresa privada, sino que están gestionadas por otras personas. Lo interesante es que no funcionan mediante algoritmos, sino que son cronológicas, y buscan volver al internet de conectar con la gente con la que querías estar conectado. Desde Pantube, de hecho, intentamos animar a la gente a empezar a conocer plataformas como Mastodon (que es la alternativa a Twitter) y PixelFed (la alternativa a Instagram).

¿Y las redes sociales comerciales, las de toda la vida, están perdidas?

Como red social comercial, creo que la que más permite la creación y ser más libre para la gente, sobre todo para la gente joven, es TikTok. Cuando un vídeo se hace viral, puede recibir hate, pero en los mismos comentarios la gente reacciona y responde a los mensajes de odio, y el propio creador no tiene que gestionar eso. ¡Es un espacio interesante donde incluso se generan nuevos contenidos a partir de los comentarios! Después, hay plataformas que están funcionando muy bien ahora, como Substack. Es un espacio de conversación más tranquilo donde se pueden leer textos largos y, en el ámbito catalán y español, empieza a proliferar.

*Si alguna vez te encuentras en una situación de violencia machista, o ves una a tu alrededor, no estás solo/a. Puedes llamar gratuitamente y de manera confidencial al 900 900 120, o al 112 si es una emergencia. – Departamento de Igualdad y Feminismo de la Generalitat de Cataluña

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