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¿Cómo combatimos la violencia digital en los tribunales? Con motivo del 25N, hablamos de ello con Carla Vall, abogada penalista y criminóloga

Por Rita Roig
Las violencias digitales ocurren en internet, pero se sancionan en los tribunales. Aunque puedan pasar más desapercibidas, el sistema jurídico está preparado para condenarlas y proteger a las víctimas. Hablamos de ello con la abogada penalista y criminóloga Carla Vall, que a lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado para hacer frente a las violencias machistas. Hablamos con ella con motivo de la campaña del 25N del Departamento de Igualdad y Feminismos de la Generalitat de Cataluña contra las violencias machistas en el ámbito digital.
¿Qué es una violencia machista digital?
Las violencias machistas digitales son aquellas violencias que necesitan internet y dispositivos tecnológicos para hacerse efectivas. Una diferencia con lo que sería el mundo 1.0 es que se pueden reproducir más fácilmente. Por ejemplo, si en el mundo offline sufres una violencia, es más probable que ocurra una única vez, pero frente a delitos tecnológicos es mucho más probable que se vaya replicando una y otra vez y que, además, no puedas borrar por completo el rastro de este delito. En una violencia digital, la reparación es bastante más compleja.
¿Qué marco legal tienen las violencias digitales?
En los últimos años ha habido muchos cambios legislativos. La Ley del “Solo sí es sí”, por ejemplo, contempla ampliamente la dimensión de la violencia sexual digital y la persecución de delitos que se dan específicamente en las redes. Y la misma ley catalana da una nueva dimensión a estas violencias.
¿Cuáles son las violencias digitales más frecuentes?
¿Qué nos llama la atención hoy en día? En las mujeres más jóvenes, un nivel de control absolutismo, sobre todo en relaciones de pareja. Se han visto situaciones del tipo “pon la cámara toda la noche porque quiero comprobar que estás durmiendo sola en casa”. Pasa en parejas jóvenes, porque viven separados, pero el mundo digital facilita la continuidad de estas violencias desde primera hora de la mañana (por ejemplo, “muéstrame qué ropa llevas”) o los clásicos y atemporales “compárteme la ubicación”. Luego también encontramos todo el campo de la sextorsión: delitos que se cometen utilizando la vergüenza social de las mujeres para humillarlas, para coaccionarlas. Al final, la llegada de internet ha hecho que con muy poco esfuerzo puedas obtener mucha información y que uses esa información para controlar. Es decir, el mismo nivel de control sin tecnologías sería imposible.
“Las violencias digitales colisionan con unos códigos sociales sobre la sexualidad de las mujeres”.
¿Qué podemos hacer para combatir este control? ¿Se pueden sancionar en el ámbito legal?
La mayoría de las situaciones que estoy describiendo, de control moral, son delitos contra la integridad moral de la víctima, que acaba actuando para no provocar a su agresor y que la situación no empeore. Un obstáculo que encontramos es que, a veces, tenemos estas situaciones de control romantizadas. Pero, por otro lado, pienso que las jóvenes son un gran antídoto para todo esto. ¡Tenemos una generación de mujeres jóvenes más ancladas a la izquierda y más feministas que nunca! Ahora bien, tienen un problema, que es que se encuentran con la situación opuesta en el sector masculino, donde las generaciones que suben son más machistas y reaccionarias. Aquí hay una problemática que se manifiesta en forma de violencia. En muchos casos, ellos no pueden establecer relaciones igualitarias. Lo que quieren son situaciones de subyugación.
¿Y el sistema legal está sensibilizado respecto a estas violencias?
Las personas que nacimos sin acceso a internet tenemos una brecha generacional muy importante respecto a aquellas que han crecido siendo fotografiadas y colgadas en las redes. Las personas adultas pueden pensar que lo que pasa en las redes es menos real, pero es un error, porque para los jóvenes, el acceso a internet forma parte de su identidad, de su día a día, y este tipo de agresiones provoca daños muy grandes. Además, tenemos una problemática: muchas de las violencias digitales colisionan con códigos sociales sobre la sexualidad de las mujeres, sobre cómo debemos comportarnos. La norma social nos dice que si incumplimos estos códigos nos hemos puesto en riesgo de manera voluntaria. Y claro, los jueces, fiscales y abogados vivimos en esta misma sociedad y trasladamos esos juicios sociales a la práctica legal. En los tribunales he escuchado más de una vez comentarios del tipo “¿por qué le envió esas fotografías a esas horas de la noche?”. Claro, si una mujer no hubiera enviado fotografías no habría delito de sextorsión. Pero si no hubiera nacido, tampoco existiría el delito, ¿no? La realidad es que las mujeres existimos y tenemos una vida que debemos desplegar, dentro de la cual está la libertad sexual, que tenemos derecho a ejercer, tanto en el ámbito físico como digital. Aunque socialmente pese el argumentario de “esta es una fresca” por encima de “este es un cabrón”, debemos luchar para que la sanción social y la jurídica condenen el delito.
“¡Tenemos una generación de mujeres jóvenes más ancladas a la izquierda y más feministas que nunca!”
Esta sanción social puede llevar a las mujeres a no denunciar.
Sí, la vergüenza hace que, muchas veces, las víctimas sientan que es mejor dejarlo pasar que confrontarlo. Piensan que será peor, pero todo esto remite a la norma social que te dice “si te portas bien, no te atacarán”. ¡Pero sabemos que es mentira! Siendo una buena niña no estás protegida. Estás protegida siendo una mujer fuerte. Una de las claves para entender la violencia digital es pensar que es una violencia muy sexuada, porque la sexualidad es una manera específica de violencia contra las mujeres; a ellos no les afecta. Necesitan la sanción social que existe respecto a nosotras por el hecho de haber tenido prácticas sexuales, aunque sean falsas, aunque no hayan existido, como en los casos de deepfake. Por eso existe esta vergüenza.
¿Qué papel juega aquí el anonimato en internet? ¿Crees que debería desaparecer?
He reflexionado mucho y he tenido muchas posiciones respecto al anonimato en internet. Pero es que es un espacio de violencia tan brutal contra las mujeres que pienso que debería existir la obligación de decir: “mira, bajo este perfil estoy yo”. Incluso podría haber la opción de que públicamente fueras anónimo, pero que, si se hiciera un requerimiento judicial, se pudiera conocer la identidad detrás de un perfil. Hay situaciones que son sumamente graves, que expulsan a las mujeres de las redes, y eso no debería permitirse.
*Si alguna vez te encuentras en una situación de violencia machista, o ves una a tu alrededor, no estás solo/a. Puedes llamar gratuitamente y de manera confidencial al 900 900 120, o al 112 si es una emergencia. – Departamento de Igualdad y Feminismo de la Generalitat de Cataluña
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